Cervantes y la virtud perseguida.

“Yo he dado en Don Quijote pasatiempo
al pecho melancólico y mohíno
en cualquiera sazón, en todo tiempo”

En la vergonzosa e indigna campaña de calumnias y mentiras, difundida por todos los medios imaginables y que ha emprendido como tarea prioritaria la oposición encarnizada que tiene el actual gobierno de coalición, con el fin inconfesable en los medios, aunque difícil de negar en los hechos, de derribarlo sea como sea en el mas breve plazo posible, no cejan los ataques a las virtudes personales de ministros, personalidades e incluso las del mismo presidente Don Pedro Sánchez. El ardid de la calumnia como ataque a los mejores, o directamente el insulto, no es ninguna novedad, es una receta antigua, la menciona Plutarco cuando habla de la vida de Cicerón, y nuestro Cervantes en un genial y humilde diálogo del Quijote y Sancho, cuenta el como Julio Cesar, Alejandro Magno y otros personajes, reales o novelescos la padecieron :« Assi que, o Sancho, entre las tantas calumnias de buenos bien pueden passar las mias, como no sean mas de las que has dicho »

De nuestro gran Miguel de Cervantes, autor de la obra inmortal, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, quizás no pueda decirse que fuera un pedagogo en la actual acepción de la palabra, pero aunque en su obra no se lo propusiera, con naturalidad vierte a cada paso reflexiones, consejos, enseñanzas, finas críticas e ingeniosas agudezas, por eso sus lectores lo consideraremos siempre un sabio moralista y un habilísimo educador.

Para él la virtud es perseguida, sin embargo, manda el mensaje de no desmayar ante los obstáculos que se nos oponen, dejándonos dicho, que es inherente a la virtud el experimentar contradicciones

LA VIRTUD

«..Mira, Sancho», dixo don Quixote, «donde quiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida. Pocos o ninguno de los famosos varones que passaron dexó de ser calumniado de la malicia. Iulio Cesar, animosissimo, prudentissimo y valentissimo capitan, fue notado de ambicioso y algun tanto no limpio, ni en sus vestidos ni en sus costumbres. Alexandro, a quien sus hazañas le alcançaron el renombre de Magno, dizen del que tuuo sus ciertos puntos de borracho. De Hercules, el de los muchos trabajos, se cuenta que fue lasciuo y muelle. De don Galaor, hermano de Amadis de Gaula, se murmura que fue mas que demasiadamente rixoso, y de su hermano, que fue lloron…»

“…Mira, Sancho, dijo Don Quijote, donde quiera que está la virtud en eminente grado es perseguida; pocos o ninguno de los famosos varones que pasaron dejó de ser calumniado de la malicia. Julio César, animadísimo, prudentísimo y valentísimo capitán, fue notado de ambicioso y algún tanto no limpio, ni en sus vestidos ni en sus costumbres. Alejandro, a quien sus hazañas conquistaron el nombre de Magno, dicen de él que tuvo sus ciertos puntos de borracho...”

 (Quijote, Par.II; Cap.II)

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